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Por Nuestros Amigos: Amigo, no me hagas esa perrería

pornuestrosamigosLlegó el verano. Doy fe de que este fin de semana he visto tres perros abandonados al capricho del destino. Es que, claro, ya han empezado las vacaciones.Al llegar esta época del año volvemos a ver perros que van sin rumbo por caminos y carreteras. Los abuelos, en cambio, van al geriátrico, pero se sabe de alguno que al salir del lavabo de la gasolinera se encontró con que la familia había seguido su viaje.Como ni siquiera sé qué piensan mis semejantes humanos, no puedo conocer con exactitud qué piensan y sienten estos otros semejantes (me refiero a los perros).

Trato de intuirlo. Imagino que deben de creer que se trata de un malentendido. Es probable que se nieguen a aceptar que han sido abandonados, como si fuesen abuelos.El abandono no encaja con la amistad. Ese amigo que lo crió a uno desde pequeño, lo acarició tantas veces y jugó con él haciéndole correr tras un palo o una pelota, no parecía capaz de realizar una felonía de tal calibre. Tal vez ese pensamiento explique la mirada ansiosa con la que nos escruta el perro abandonado, por si acaso pudiéramos ser él o ella, o al menos quisiéramos serlo durante el tiempo en que falten él o ella.El perro abandonado, con sus ladridos, tal vez le diría al amo que lo abandona (aun asumiendo el humillante sentido de la palabra «amo»): «Eh, amigo, no irás a hacerme esa perrería».¡Cómo pifia el lenguaje tantas veces! Mira que llamar «perrería» a las #Censurado#das, y #Censurado#das con referencia a las pobrecitas #Censurado#s, cuando debiera decirse «macarranadas». En fin. Algunas personas prefieren creer que los perros no sufren. Los toros bravos, menos aún. Sólo reconocen en ellos la capacidad de sufrir. Es el mismo pensamiento que en épocas no muy lejanas sostenía que los indígenas carecían de alma. Creencias que comparten los psicópatas: hace bastante que los neuropsiquiatras saben que en los psicópatas permanecen inhibidas las partes del cerebro que permiten al ser humano ponerse en el lugar del otro. A dicha cualidad en tiempos se la llamó «compasión». De niño me llamaba la atención que las mariposas en reposo emprendieran vuelo cuando me aproximaba, y también que el escarabajo cambiara de dirección cada vez que interponía un palito en su camino.Extraje la conclusión de que les interesaba preservar su integridad física, al igual que yo mismo. En consecuencia, me dije, el instinto de conservación es compartido por todos los seres vivos. ¿Y el dolor? ¿Y la capacidad de sufrir?Me consuelo pensando que quizá no se trate de maldad sino de estupidez. Albert Einstein dijo que sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, pero él no estaba muy seguro de la primera. Por su parte, Bill Watterson, autor de la tira cómica Calvin y Hobbes, piensa que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el universo es que nadie ha intentado conectar con nosotros.«Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente», dijo Susanita, la amiga de Mafalda.@LEAD:Sobre el abandono de perros durante las vacaciones de verano

Fuente: LAZARO COVADLO

EL MUNDO (Cataluña)

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