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Terapias con Animales: Muchas gracias por su ayuda, doctor Delfín

Niños con autismo, síndrome de Down y otras enfermedades discapacitantes pasan una semana al terapiasconanimalesaño en Florida (EEUU), en uno de los mejores centros de delfinoterapia del mundo. Sus familias aseguran que la experiencia es extraordinaria

JOSÉ LUIS DE LA SERNA | ENVIADO ESPECIAL A CAYO LARGO (FLORIDA, EEUU

La historia de Island Dolphin Care se gestó, probablemente, hace 20 años el día en que nació en Denver (Colorado, EEUU) Joe, el segundo hijo de Peter y Deena Hoagland. Los impulsores del que está considerado como el mejor centro de delfinoterapia del mundo supieron poco después del parto que su bebé estaba afectado por un ‘troncus arteriosus’, una de las cardiopatías congénitas más graves. Ese diagnóstico modificó sus vidas y les hizo pasar años de angustia y sufrimiento de hospital en hospital.

Para sobrevivir a esta patología hay que pasar varias veces por el quirófano. Poco después de la tercera operación, el hijo de los Hoagland tuvo un accidente cerebrovascular que destruyó la mitad derecha de su cerebro. Los médicos dudaban de que Joe saliera alguna vez del coma y, de hacerlo, aseguraron que sería con secuelas muy graves sin posibilidad de mejoría.

Deena y Peter, decididos a que sobreviviera a su problema sin secuelas serias trasladaron su hogar a Cayo Largo, a 100 kilómetros al sur de Miami, a orillas del Atlántico. Allí existía un delfinario que, según aseguran, fue un elemento definitivo en la recuperación del niño.

SALUD ha estado en Florida comprobando que Joe es un joven normal, con mínimas discapacidades que apenas se perciben. Sus padres están convencidos de que buena parte de la recuperación se debe a Fonzie, un delfín macho, que hace años se convirtió en su mejor amigo y también en un excelente terapeuta.

Deena, la madre de Joe -licenciada en psicología y en sociología laboral por la Universidad de Denver (EEUU)- nunca dejó de intentar cualquier terapia complementaria que pudiera ayudar a su hijo. Recordaba que, antes de sufrir la trombosis cerebral le gustaba nadar y que le apasionaban los animales, como le ocurre a la mayoría de los niños. Fue entonces cuando pensó que, tal vez, la actividad acuática y el trato con seres tan inteligentes como los delfines, que suelen ser muy cariñosos con los chavales, obraría el milagro y contribuiría a la recuperación de la movilidad izquierda de su cuerpo y del habla que había perdido su hijo.

 

PERSEVERANCIA

Meses después de que se iniciara una relación diaria, de casi una hora, entre Fonzie (un delfín joven macho) y Joe, comenzó la mejoría lenta, pero progresiva, de los síntomas motores del pequeño. Con el paso del tiempo, y con paciencia y perseverancia en las sesiones, ha conseguido deshacerse de casi todas las discapacidades que sus médicos aseguraron que serían permanentes.

Los Hoagland no creen que lo que ha sucedido con su hijo haya sido exactamente un milagro’, aunque este término les emociona siempre. En cualquier caso, los resultados de su delfinoterapia improvisada les cambió la vida. Los dos abandonaron sus profesiones de siempre -él constructor y ella, trabajadora social- para fundar y dirigir hace 10 años Island Dolphin Care. Esta institución sin ánimo de lucro vela por ayudar a muchos infantes con discapacidades serias a través de uno de los programas de delfinoterapia más estructurados que existen en el mundo.

«Los delfines son unas criaturas especiales, sensibles y muy inteligentes», asegura Peter Hoagland. «Es fantástico trabajar con ellos y tenemos ya mucha experiencia en lo que se está llamando terapia asistida por animales», recalca.

En Island Dolphin Care trabajan a tiempo completo un total de 30 personas. Hay médicos, terapeutas, expertos en delfines, incluso informáticos preparando programas que permiten elevar las capacidades cognitivas de los niños. Entre los meses de marzo y noviembre reciben a alrededor de 250 familias de todos los lugares del mundo que traen a un niño, o a un adolescente, con una patología seria que sea susceptible de alivio gracias a los cetáceos.

«Atendemos muchos tipos de problemas. La mayoría son neurológicos, como el autismo, el síndrome de Down u otras enfermedades de estirpe neurodegenerativa, pero también aceptamos visitas de niños con sida o con cánceres terminales para que disfruten del trato con los delfines», dice Hoagland.

El programa de Island Dolphin Care está muy bien diseñado. Antes de aceptar cualquier admisión se comprueba que el niño no tenga comportamientos agresivos y que, al menos, la movilidad de la cabeza y de los músculos del cuello sean óptimas. Se recomienda que los padres y los hermanos asistan también a todas las sesiones, para que la experiencia sea compartida en familia.

Durante cinco días, de lunes a viernes, los chavales y sus acompañantes-independientemente de la condición de los primeros- asisten a sesiones teóricas diarias en las que se enseñan las cualidades que tienen los delfines.

Luego, se distribuyen las inmersiones, que se realizan en rústicas piscinas de agua de mar (conectadas por canales al océano). Es entonces cuando los delfines se acercan a los niños, que siempre están acompañados por un terapeuta. Durante al menos media hora en cada sesión, los cetáceos saludan, besan, se dejan acariciar y hasta transportan en sus lomos a los chavales emulando a una moto de agua. Son experiencias únicas que se repiten diariamente a lo largo de la semana y que, en general, acaban influyendo positivamente en la gran mayoría de los pacientes.

 

INFORMÁTICA

Los Hoagland, además, han incorporado a su programa recursos informáticos que ayudan a comprobar si se producen mejorías cognitivas en los enfermos, una posibilidad antes inexistente. Las grandes pantallas táctiles de los ordenadores sirven para certificar, en muchas ocasiones, las respuestas reactivas ante los estímulos dados de los niños. Una réplica que los padres ignoraban que pudiera producirse.

Así, la combinación de teoría, práctica en el agua e interactividad informática está logrando resultados muy aceptables en un número muy significativo de casos.

«Hemos visto ya miles de pacientes y creemos que ayudamos a muchas familias, porque el porcentaje que repite la experiencia año tras año es elevada y los mensajes que nos mandan cuando llegan a sus casas son muy alentadores», asegura Peter.

«De todas formas, queremos dejar claro que los delfines no curan ni solucionan patologías serias. Son, únicamente, una ayuda más que muchas veces funciona, estimula y alivia. Así lo creen también muchos especialistas, la mayoría de prestigio, que nos remiten a sus pacientes», determina.

El ex constructor reconoce, no obstante, que a la delfinoterapia le falta aún apoyo científico que constate su auténtico valor. «De momento no nos parece prudente pedir a las familias que rellenen cuestionarios muy complejos antes, durante y después del tratamiento [que sería una forma de evaluar los resultados con rigor]. Además, carecemos de los fondos necesarios para hacer investigación en profundidad, aunque estoy de acuerdo en que habría que intentarlo. Ojalá podamos diseñar ensayos controlados en un futuro próximo».

El complejo es una empresa sin ánimo de lucro. El coste de una semana de tratamiento es de 1.700 euros, aproximadamente. Una cantidad que no es excesiva gracias a las donaciones y los patrocinios que recibe Island Dolphin Care. En la factura se incluye, también, el alojamiento de toda la familia, en un hotel cercano a un área muy turística de Florida. «Gracias a estas donaciones financiamos, incluso, un importante número de tratamientos al año en las familias que tienen más dificultades económicas».

 

 

 

EN ADULTOS

Por otro lado, los niños no tienen que ser los únicos clientes de ese complejo, ni de cualquier otro que trabaje con delfines. Un adulto puede disfrutar, si quiere, de su compañía acompañado de los entrenadores, que conseguirán que los mamíferos hagan tantas carantoñas a un mayor como las que dan a los pequeños.

Todas las personas que quieran tener una experiencia inolvidable con delfines puede hacerlo por 80 euros. Primero recibirán una charla teórica de una hora y, posteriormente, pasarán casi otra media jugueteando en la piscina con al menos dos delfines. Un entrenador se encargará de que los animales se acerquen a toque de silbato, que salten por encima, empujen con el hocico los talones del visitante o le lleven en volandas agarrado a su aleta dorsal. Los adultos han sido, precisamente, los únicos en los que se ha evaluado científicamente los efectos de la delfinoterapia.

De acuerdo con un trabajo realizado en Honduras, y publicado en el año 2005 en el ‘British Medical Journal’, bañarse con delfines mejoró la sintomatología en un grupo de pacientes deprimidos, en comparación con los enfermos que nadaron en las mismas aguas, pero sin la compañía de los cetáceos.

Todos los participantes cumplían los criterios de depresión y todos dejaron de consumir fármacos o realizar sesiones de psicoterapia cuatro semanas antes de iniciarse el ensayo clínico. De una forma aleatoria, la mitad de ellos fue asignado al grupo experimental que nadaría con delfines y jugaría con ellos de acuerdo con las instrucciones de los entrenadores. La otra mitad, en cambio, se bañó en las aguas de las Islas Bay de Honduras, contemplando arrecifes de coral y una espectacular fauna marina, pero sin tener contacto directo con los animales. La investigación se prolongó durante dos semanas, tiempo en el que los participantes estuvieron una hora diaria sumergidos en el agua, realizando las pruebas. Los resultados demostraron que los deprimidos asignados al grupo experimental con delfines sintieron una reducción significativa de la severidad de los síntomas en comparación con que los que formaron el grupo control.

 

SESGOS

El estudio es pequeño y ha sido criticado por varios especialistas en cartas posteriores a su publicación. Se le acusa de tener pocos pacientes (30 en total) y de que su metodología no encaja estrictamente con la que se exige normalmente a los estudios controlados. Los autores admiten las críticas, pero defienden la necesidad de que su investigación sea valorada.

En una época en la que hasta el ging seng y el cartílago de tiburón se evalúan científicamente, merecería la pena profundizar en el valor de la delfinoterapia y de otras terapias asistidas por animales. Quizá la biofilia, que es como se está bautizando a esta disciplina, tenga porvenir en Medicina.

 

Baños reparadores en la isla de Tenerife

Para intentar la delfinoterapia no es necesario cruzar todo el Atlántico. Basta, en principio, con volar hasta la isla canaria de Tenerife. Allí existe un delfinario, Aqualand Costa Adeje, en el que también se imparten programas reglados de delfinoterapia. Un convenio entre la institución y la asociación de padres de niños afectados con alguna discapacidad OROBAL estableció un comité técnico para elaborar los objetivos, las normas y el protocolo de actuación en cada caso. Existen dos programas. Al primero, le llaman terapia reglada para residentes de las Islas Canarias y el otro, el ocasional, está dirigido a pacientes de otras zonas geográficas. La legislación sobre delfinoterapia en nuestro país es más rígida que la que tienen en EEUU y la lista de espera que poseen en Tenerife es de cuatro años. El protocolo de actuación español es muy similar al de EEUU e incluye una interacción estrecha de entrenadores de delfines, especialistas en salud y profesores de educación especial. El programa reglado está pensado para un tiempo prolongado, con lo que existen informes que evalúan los resultados, que son confidenciales aunque son una fuente de datos muy valiosa.

«Las terapias ocasionales suelen durar 15 días y atendemos a niños de la península y de otras partes de Europa», comenta José Luis Barbero, director técnico del delfinario, un experto con 14 años de experiencia. «Es falso creer que los delfines tienen poderes especiales. Eso no nos beneficia nada, al contrario: es perjudicial», puntualiza.

 

Perros y gatos para paliar la depresión y la soledad que sufren las personas mayores

Mitigan la soledad, reducen la depresión, la ansiedad y el uso de medicación, además de favorecer el ejercicio físico. Los perros y los gatos son los mejores aliados de las personas mayores. Por este motivo, la Fundación Affinity, que en 1990 presentó a la profesión médica y a la sociedad general la Terapia y Educación Asistida por Animales de Compañía (TEAAC), participa en proyectos de adopción de animales para personas jubilados, además de intentar introducir mascotas en las residencias geriátricas. La fundación tiene, además, programas en centros penitenciarios, un hecho que favorece la autoestima de los internos, mejora su actitud y fomenta el respeto. Otro campo en el que se han constatado los beneficios de los perros es en la terapia de niños con problemas de comportamiento

 

El valor de los caballos para la rehabilitación física y el desarrollo psicoafectivo

 

Las personas con discapacidad física, psíquica o sensorial y los niños con trastornos de conducta, dificultad de aprendizaje o problemas afectivos son los que más se benefician de la terapia ecuestre. La Fundación Carriegos, que cuenta desde 2003 con un centro hípico adaptado en León donde ya se han tratado 800 discapacitados, defiende la aplicación de la terapia bajo la supervisión de equipos multidisciplinares (fisioterapeutas y psicólogos, entre otros). La lista de efectos positivos que produce el contacto con el caballo (desde montarlo hasta la tarea de cepillarlo) es extensa: favorece la coordinación motora , el control postural y la concentración. Además, permite la adquisición de habilidades del habla y el desbloqueo emocional.

Animales de granja: la mejor ayuda para niños autistas o adultos con Parkinson

Caballos, gallinas, gatos, cerdos, pájaros, peces… «no hay uno mejor que otro a la hora de hacer terapia con animales y el ejemplo es Berta, una cerda que proporciona grandes beneficios a niños autistas, personas deprimidas y enfermos de Parkinson». Margarita Pino, directora del centro Armonía Animal, en Cantabria, explica que «un equipo multidisciplinar evalúa a cada enfermo y diseña un plan específico para él». Esta especialista insiste en que, tras cuatro años en funcionamiento, los beneficios que «estamos obteniendo se reflejan en las áreas: motora, del lenguaje, cognitiva y en las relaciones familiares. Y todo con sencillos métodos de trabajo-juego que impulsan a la persona a participar».
Fuente: http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2007/714/1181944808.html

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