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Por Nuestros Amigos: Estoy en Venta, por Ángel Badiola

pornuestrosamigos¿Somos tan diferentes a los animales? ¿Quien nos dio el poder para “controlar” el mundo a nuestro antojo? ¿TODO es pasto del capitalismo que gobierna nuestra sociedad? ¿Incluso nosotros mismos?.

He encontrado este texto que espero que haga reflexionar a muchos. Marcos Javier

Ayer soñé que paseaba por una calle repleta de paseantes y paré ante un escaparate, dónde me vi a mí mismo en venta. Sorprendido y sin pensarlo dos veces, entré en el establecimiento a preguntar mi precio. Aún más sorprendido quedé cuando en el interior me encontré con gente, que preguntaba por lo mismo.

Yo, esperaba mí turno. Era una fila bastante larga. Casi no veía el mostrador. Era una tienda muy profunda, olía a madera crujiente, agrietada por los rayos de sol, que se filtraban a sus anchas por el gran ventanal del escaparate. Volví a sorprenderme cuando mirando al escaparate desde aquella posición, lo vi vacío. Sentí, una extraña sensación, que me hizo abandonar la fila y volver a la calle.

Allí estaba yo, en el escaparate, con el cartel de – EN VENTA -, inspiré profundamente y soplé hasta vaciarme. Tras unos segundos, observé mí cara, mis ojos, ocultando una mirada triste y decepcionada…, mi cuerpo en pie, en posición de firmes, brazos caídos hasta las manos, cerradas, cómo si ocultaran algún secreto.¿Qué secreto? Ya, me dije, ahora comprendo por qué tanta gente espera su turno en esa fila de adentro. Algo muy valioso deben ocultar esas manos. Será por eso.

Volví a entrar y me coloqué en la fila. Me percaté deque era más larga que antes, el mostrador ya no lo veía. Los que estaban delante de mí, rígidos, en posición de firmes, se movían paso a paso, al compás del péndulo de un viejo reloj de pared que hablaba por todos nosotros. Yo veía a todos, pero solo sus espaldas.

Sentí un escalofrío en mi espalda y noté que alguien me miraba. Detrás de mí, alguien esperaba su turno. Por fin, alguien me miraba. De nuevo, otra sensación extraña embargaba mi cuerpo. Miraba yo y no sentía nada, me miraba y sentía. Mi sensación era que ese sentimiento no era mío; era de alguien que me miraba, de alguien que ni tan siquiera veía. Sólo, me lo imaginaba.

Yo sentía que aquel sentimiento no me pertenecía. Era su mirada. ¿Qué mirada, si no lo veía? A partir de ese momento, por más que quise verlo no pude hacerlo. Mi cuerpo, rígido, firme, no me lo permitía. Quería, pero no podía. Solo podía mirar hacia adelante. Entonces, recordé el escaparate y allí no había nada. Estaba vacío. Volvió de nuevo a embargarme la sensación de querer abandonar la fila y volver a la calle… a verme. En esta ocasión, preferí no verme.

Me quedé en la fila, atormentado por mi decisión. Acababa de descubrir mí soledad. Y no me sentía solo. Sin darme cuenta, había transcurrido el tiempo como si de un sueño se tratara, ¿estaba soñando o despierto? Me encontraba ante el mostrador y no había nadie a quién preguntar por mi precio. ¿Qué hacía yo allí? ¿Qué había hecho hasta ahora? Di media vuelta y me dispuse a salir, no sin sorprenderme de nuevo al ver que, no había nadie tras de mí.

Salí a la calle y miré al escaparate, allí no había nadie. Miré al frente, a ambos lados y también atrás, y vi, oí, y hasta olí a personas que paseaban por la calle; y yo, decidí mirar hacia adelante y pasear en la dirección que me indicaba mi corazón.

Hoy he salido a la calle y he mirado en los escaparates por si acaso. ¡Ah!, hoy no me he visto en venta, en ninguno. ¿Estoy despierto o soñando?

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