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Por Nuestros Amigos: La odisea de Balto

pornuestrosamigosBalto fue torturado bárbaramente por un grupo de veinteañeros en el barrio barcelonés de Poblenou. Rescatado por la Guardia Urbana y sometido a un largo período de curas en la facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha encontrado por fin un hogar y se dispone a iniciar una nueva vida. La historia ha sido contada por Xavier Mas de Xaxàs en el diario “La Vanguardia”, en varios artículos desde el 13 de octubre. Reproducimos aquí el último de los textos, el “final feliz”.

Una buena ocasión para recordar a Thomas Edison cuando afirmaba: “La no violencia lleva a la más alta ética, que es la meta de la evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres vivos, somos aún salvajes”. O a Schopenhauer: “La conmiseración por los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona”.

La vida le ha dado una nueva oportunidad y él lo agradece como sólo puede agradecerlo un perro que ha estado al borde de la muerte: con la tranquilidad del que no tiene nada que perder. Hace dos días Balto se llamaba Pepe y hace una semana, cuando estaba siendo torturado por unos veinteañeros de Poblenou, lo más probable es que no tuviera nombre. Antes de eso, podría haber tenido un hogar y un dueño que por algún motivo lo abandonó a su suerte. Lo mismo les ocurre a cerca de 25.000 perros cada año en Barcelona. Lo que no le ha pasado a ninguno de ellos es sufrir lo que ha sufrido Balto y, además, vivir para contarlo.

Balto habla con los ojos. Unos ojos marrones, grandes, brillantes y cansados de haber visto mucho. El poco pelo que le queda es marrón claro y el morro, negro. Tiene entre seis y siete años, está muy delgado y no ladra. Ayer dejó la clínica veterinaria de la Universidad Autónoma (UAB) sin que nadie haya podido oír uno de sus ladridos. “Es un bonachón. Si fuera un mal perro, los salvajes que lo torturaron no se habrían atrevido”, comenta Josep Pastor, el profesor de Patología Médica que ha estado supervisando su tratamiento desde el sábado pasado, y que ayer le dio el alta.

Balto se fue con su nuevo dueño, Joan Verdú, el estudiante de quinto curso que lo recibió cuando ingresó en la clínica. Es un mastín español sin casta y fue torturado el jueves de la semana pasada. Los agresores lo cubrieron con pegamento, le pusieron cemento encima y lo pintaron. Permaneció atado durante, al menos, un día, hasta que un vecino alertó a la Guardia Urbana y ésta avisó al Centro de Recogida de Animales de Barcelona, que dirige Yolanda Valbuena. El viernes lo pasó en el centro, pero su estado no mejoraba. La facultad de Veterinaria de la UAB tiene muchos medios y Valbuena lo llevó allí el sábado a primera hora de la tarde. Lo primero que pensaron Pastor y Verdú al verlo llegar fue en la eutanasia. “Estaba muy mal, en estado de shock, extenuado y deshidratado”, recuerda Pastor. “No le quedaba más de medio día de vida. La piel se le había desgarrado a la altura de las patas traseras y nos preguntamos si valía la pena hacerle sufrir más.”

Balto no decía nada, parecía entregado, dispuesto a aceptar lo que fuera. “Es un estoico”, asegura Verdú. “Era muy duro y muy impresionante ver que con todo el dolor que sentía no intentaba mordernos.”

Pastor puso a trabajar a sus alumnos. Joan Verdú, Alejandro García, Aleyda Romero y una decena más estuvieron junto a Balto durante cinco días críticos. “Lo primero que hicimos –explica Pastor– fue equilibrarlo. Le inyectamos fluidos para compensar la deshidratación, le dimos analgésicos, antibióticos y estudiamos la mejor manera de quitarle la cola. Probamos con agua, alcohol, metanol, éter y acetona, pero nada funcionaba. Llamamos a un carpintero pero tampoco nos dio una solución. El único remedio era reblandecerle el pelo con agua y jabón y cortarlo con un bisturí a ras de piel.” El trabajo era tan laborioso que en seis horas sólo consiguieron limpiar un palmo de piel. Los estudiantes hicieron turnos y estuvieron depilando a Balto hasta el miércoles. “Sin ellos no hubiera sobrevivido”, reconoce Pastor.

Aún camina con dificultades, aunque la piel ha empezado a cicatrizar. Las orejas, muy desgarradas, es lo que peor tiene, pero Pastor asegura que no será necesario cortárselas. Lleva doce años dando clases en la UAB y “nunca había visto un perro tan maltratado. Me ha alucinado lo poco que hemos evolucionado”. Desde ayer, Balto comparte piso en Badalona con Joan Verdú y una pequeña perra. Fue el primer día del resto de su vida.

XAVIER MAS DE XAXÀS – 18/10/2003. La Vanguardia. Barcelona

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