«

»

Noticias: La mala idea de diseñar perros

noticiasExiste una costumbre cada vez más difundida de forzar las razas caninas según modas. Se resiente así la salud de los nuevos especímenes y se olvida que un perro es una mascota querible, no un mero adorno.

Ted Kerasote. Periodista científico. Autor del libro “Como vivirían los perros si fueran libres”.

HP_dvd_130La 130ª Exposición Canina de Westminster llegó a Nueva York el 13 de febrero, con sus miles de concursantes, que varían en peso desde los 900 gramos de un chihuahua hasta los 55 kilos de un gran danés. Al ver a los acicalados perros pavonearse por las pasarelas del Madison Square Garden, es difícil no pensar en un desfile de modas.

En el caso de las exposiciones de perros, la asociación madre de una determinada raza fija las normas del aspecto o el estilo de esa raza. Esas normas describen el espécimen ideal y supuestamente relacionan la forma del perro con la función original que éste cumplía.

Pero, como los perros son la más plástica de las especies y los seres humanos son ingeniosos, se han creado variedades de perros insólitas para satisfacer nuestro concepto de belleza, novedad, compañerismo y servicio.

Lamentablemente, en algunas razas, la forma se ha impuesto a la función. Los pekineses y los bulldogs, cuya cara achatada dificulta la respiración, son dos ejemplos de ello.

Tales fallas de diseño —a menudo perpetuadas por criadores que tratan de producir un perro de aspecto singular— tienen consecuencias perdurables para los perros, su progenie y las personas que los aman.

De las 180 razas consignadas en la lista de un sitio web muy conocido donde pueden elegirse cachorros de raza, el 42 por ciento tiene problemas de salud crónicos: enfermedades de la piel, desórdenes estomacales, alta incidencia de distintos cánceres, incapacidad para dar a luz sin cesárea, menor tiempo de vida. La lista es tan larga como perturbadora y plantea una pregunta: deslumbrados por la singularidad de muchas de las razas que hemos creado, ¿los dueños de perros hacemos la vista gorda ante el desarrollo de un sinnúmero de animales disfuncionales?

Quince años atrás, yo era justamente uno de esos románticos compradores de perros y estudiaba con atención las revistas especializadas y las camadas de cachorros registradas en el American Kennel Club. Pero un día intervino el destino. Mientras practicaba kayak en el río San Juan de Utah, me encontré con un cachorro de diez meses que vagaba por el desierto. No llevaba collar y parecía una cruza de labrador amarillo y quién sabe qué —un golden retriever, un redbone coonhound, un Rhodesian ridgeback—, un perro que parecía cambiar de forma ante mis ojos. Fue amor a primera vista.

Se metió de un salto en mi camioneta al final del viaje y me lo traje a Wyoming, lo bauticé Merle y le ofrecí su propia puertita para que pudiera entrar y salir a su antojo. Su mezcla de genes y su inteligencia natural hicieron el resto. Merle jamás habría ganado en una exposición canina, pero su energía y su estabilidad demostraron lo que pueden lograr los buenos genes, ya sea bajo la influencia de un habilidoso criador humano o del más antiguo de los criadores: el azar y la selección natural.

Por otra parte, comprar un perro de raza a un criador de renombre no es garantía de que se tendrá un animal sano, puesto que las pautas existentes para los perros de raza son subjetivas.

Veamos el caso del pastor alemán. Las normas actuales de la exposición del American Kennel Club favorecen a aquellos que tienen el cuarto trasero inclinado hacia abajo. Pero las fotografías del pastor alemán de comienzos del siglo XX muestran a un perro con un cuarto trasero alto, un animal que hasta un lego consideraría de aspecto normal.

La transformación se llevó a cabo para crear un pastor alemán que, según algunos criadores, tendría una fuerte propulsión hacia adelante y, a la vez, sería estéticamente agradable. Lamentablemente, como han señalado muchos especialistas, estos perros de cuarto trasero bajo tienen molestos problemas de equilibrio y parecen tullidos. Los compradores de perros que quieren un pastor —o muchas otras razas reconocidas por el Kennel Club— deben escogerlo sorteando estos desacuerdos biomecánicos y estilísticos entre criadores.

De modo que, si las exposiciones caninas lo mueven a llevar un nuevo cachorro a su casa, tenga en cuenta estos consejos que pueden ahorrarle algunas angustias y gastos de veterinaria, en especial si el perro que tiene en mente es de raza. Investigue los antecedentes de los criadores. Conozca a ambos padres del cachorro que va a comprar. Hable con gente que haya comprado perros al mismo criador. E infórmese de la idiosincrasia de la raza elegida.

Si todos los compradores de perros hicieran esta investigación, además contribuirían a clausurar las 5.000 fábricas de cachorros que, según la Sociedad Protectora de Animales, proveen la mayor parte del medio millón de perros de raza que #Censurado#n a través de las tiendas de mascotas e Internet. A falta de reglamentación, estos criaderos son fábricas insalubres en las que las hembras están encerradas de por vida y que sobreviven porque la gente queda fascinada con el cachorro que ve en la vidriera.

A diferencia de la computadora o el auto equivocados, los perros defectuosos no pueden cambiarse o revenderse fácilmente. Pueden ser “entregados” a un refugio para animales, y lo son, a razón de cuatro millones de perros por año. Pero esta palabra tranquilizadora disfraza el final del 50 por ciento de ellos —una cámara de gas o una inyección letal.

Les debemos a nuestros perros más que eso. Después de todo, somos nosotros quienes los hemos moldeado. Aun cuando nos equivocamos, ellos siguen depositando su confianza y su vida en nuestras manos.

Copyright Clarín y The New York Times, 2006. Traducción de Elisa Carnelli.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: