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Noticias: La salvación de Alaska

noticias• Una revuelta de congresistas republicanos frena los planes de Bush para explotar el crudo del Ártico
• Los 25 diputados amenazaron con pasarse a las filas demócratas

Los alces, osos pardos, lobos, bueyes almizcleros, caribús y miles de aves migratorias que tienen su hogar en la Reserva Nacional de Vida Salvaje del Ártico están de suerte. Gracias a una inesperada sublevación de 25 congresistas republicanos moderados contra el presidente de EEUU, George Bush, estas especies seguirán disfrutando de un medio ambiente impoluto, porque los rebeldes pararon en seco el miércoles una de las operaciones más perseguidas por Bush y sus amigos de la industria petrolera norteamericana: permitir la explotación del crudo ártico.

“En lugar de eliminar décadas de protección de estas tierras, deberíamos concentrarnos en las fuentes de energía renovable, combustibles alternativos o sistemas más eficientes, pues ahorrarían más energía que la que sacásemos de la reserva”, argumentó el representante republicano por New Hampshire, Charles Bass, cabecilla de los rebeldes. Este puñado de republicanos se plantó frente al resto de su partido en la Cámara de Representantes y amenazó con sumarse a la oposición demócrata si no se eliminaba el proyecto de ley de recorte de gastos federales donde se incluyó el permiso para explotar el petróleo ártico.
Y consiguieron derrotar la medida, aunque, como explicó Melinda Pierce, del grupo ecologista Sierra Club, no es más que una pausa en la larga y dura batalla por las apetitosas reservas petrolíferas dormidas bajo la tundra ártica; 16.000 millones de barriles de crudo, equivalentes a lo que EEUU importaría durante 30 años de Oriente Próximo. “Por ahora ganamos, pero el tema volverá a plantearse”, advirtió Pierce, cuyo grupo sumó fuerzas con otros ecologistas para atraerse a los republicanos moderados.
“Nosotros estamos particularmente contentos de que muchos de ellos hayan advertido al liderazgo del partido contra todo intento de insertar el permiso de explotación petrolera del Ártico en el texto refundido de la ley”[b], añadió David Jenkins, del grupo ecologista republicano REP America. Jenkins aludía al siguiente capítulo de la pugna, ya que el Senado aprobó la semana pasada el mismo proyecto de ley, pero con el permiso de explotación del Ártico incluido. Antes de entrar en vigor, los dos proyectos deberán ser refundidos en sólo uno.

Desde Eisenhower
El frenazo de una de las principales prioridades energéticas de Bush supuso otro revolcón para el presidente republicano, apenas un día después de las derrotas sufridas por su partido en las elecciones estatales y locales que evidencian su profundo desgaste, y cuestionan sus posibilidades de conservar su dominio del Congreso en las elecciones legislativas del año próximo. [b]”Si eliminamos la protección de la reserva, entonces no tiene sentido mantener la del parque Yellowstone o el Gran Cañón del Colorado”, argumentó el congresista Bass, para explicar su deserción de las filas republicanas.
La ofensiva de las petroleras por explotar el Ártico ha desencadenado batallas durante decenios en el Congreso, desde que el presidente Dwight Eisenhower estableció la Reserva Nacional, en 1960. Veinte años más tarde, su terreno se amplió a sus actuales 7,7 millones de hectáreas en el noreste de Alaska, fronterizas con Canadá. En ellas residen sólo 220 inupiat, nativos americanos que aún cazan ballenas, y 150 indios gwichin.
Mientras los ecologistas, la oposición demócrata y algunos republicanos moderados sostienen que explotar petrolíferamente la reserva dañaría gravemente a la vida salvaje, las petroleras y el grueso de los republicanos argumentan que tal explotación reforzaría la seguridad de EEUU, al reducir su dependencia del petróleo extranjero.
La nación importa hoy un 60% del crudo que consume y un 20% de este volumen procede del golfo Pérsico. En 1995, el presidente demócrata Bill Clinton vetó la ley del Congreso que hubiera abierto Alaska a la explotación petrolera, pero su sucesor, George W. Bush, lleva cinco años batallando por lograrla. Además de esgrimir la seguridad nacional como argumento, el presidente insiste en que sólo se explotará una pequeña parte de la reserva: la zona costera.

MERCEDES HERVÁS
NUEVA YORK

Fuente: El periodico

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