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Historia de tu Nórdico: Crónicas de Drusa: Mi llegada a un nuevo hogar

Enviado por jbuson

Hola a todos, soy Drusa, una Alaskan Malamute de 10 añitos y medio con una triste historia, pero un historiadetunordicofinal feliz.

Me crié con un señor que me daba muchos mimos y carícias, me enseñó muchísimas cosas para, según dicen los humanos, comportarme lo mejor posible. Bueno, también puse de mi parte, ya que siempre estaba a su lado. Incluso cuando iba a tomar café, yo me quedaba fuera esperándole tranquilamente. Siempre estaba pidiendo mimos a todos. Eso sí, no me gustaba nada ese señor de verde que me tocaba cuando me ponía algo enfermilla. Jope’s con el tipo ese, siempre tocando aquellas partes que me dolía.

Soy un poquitín autoritaria. Normal, es que soy una Alaskan y me gusta ser la jefa después de mi amo, claro está.

Mi cruz ha empezado este año (2005). Mi amito se puso enfermo y ya no me podía sacar muy a menudo. El tiempo fue pasando y cada vez le veía menos. Pero siempre que podía, estaba a su lado para reconfortarle. Hasta que un día salió de casa y ya no le volví a ver más. No sé lo que pasó, pero los días pasaban y al final me puse muy triste. Me cuidó al principio mi amita, pero no podía conmigo porque no me entendía. Sólo mi amito me entendía bien. Luego, alguien me llevo a un sitio muy grande, pero allí no había nadie. Sólo venían a verme de vez en cuando para darme algo de comer y de beber. Allí pasé como dos meses sola, sin nadie que me sacara a pasear, ni darme mimos. Me sentía rechazada y no se porque. Es que yo soy una perra muy melosa y mimosa. Y me gusta sentirme querida. Pero no había nada de eso.

Luego, no sé porque, me llevaron a un sitio bastante cerrado, con una especie de jaula sólo para mí y había otros perros allí. Era triste al principio, pero había un humano que me sacaba a estirar algo las patas y darme de comer. Al principio me aguantaba todo lo que podía para no hacer “mis cositas” en “esa jaula”, pero con el pasar de los días, al final no tuve más remedio que hacerlo allí mismo. Realmente no me gustaba nada ya que me habían educado a realizar “mis cositas” fuera de casa.

Pasé allí mucho tiempo sola. Y me entristecía porque nadie venía a verme excepto el que me cuidaba. Quería pasear, salir, correr, jugar, pedir mimos,… Incluso el que me cuidaba a veces le veía mal cuando me veía. Y eso me entristecía no sé porqué. Podría ser su mirada, aunque lo que me decía era bonito.

Luego, un buen día, aparece otro humano con algo pequeño en la mano. Parece que me hizo algunas fotos pero lo mejor de todo ¡¡¡es que llevaba chuches!!! ¡¡¡Qué delicia!!! ¡¡¡Cuánto tiempo sin probarlas!!! Me animé muchísimo, y estaba muy contenta ya que allí había dos amitos en vez de uno. Tenía donde pedir mimos. Me dijo algo así que me iba a buscar una nueva casita con un nuevo amo, y que era cuestión de tiempo.

Pero se fue el tipo ese se fue, el tiempo fue pasando y nadie más me visitaba.¿Porqué me habían encerrado allí? ¿Porqué nadie más me quería? Estaba cada día más triste. Lloraba y lloraba pero nadie me consolaba. Mis compañeros estaban igual de tristes que yo. Ya estaba por tirar la toalla y dejarme vencer por la soledad.

Un día me llevan a donde estaba ese señor de verde al que tanto le odio. Al final me duermen y me despierto con unos puntos en mi tripita. Aiiiiii, qué malita me encontraba. Lo bueno es que al final pude dormir sobre blandito porque me pusieron una mantita.

Una tarde, escucho un coche. Llegaba el que me cuidaba para darme algo de comer y sacarme a pasear un rato. Pero había otros sonidos. Y otro olor. ¿Otro olor? Qué raro. Escucho como mi cuidador hablaba con ellos y reconocí una voz. Era la de aquel tipo que vino una vez ¡¡con chuches!! ¡¡Uy’s!! ¡¡Me puse todo contenta!! ¿Vendría a por mí? Esperaba que así fuera.

Pero me mosqueaba “ese olor”. Parecía otro congénere mio. Oigo como le dicen su nombre, algo así como “Roy”. Qué raro era todo. De repente le veo pasar corriendo de uno al otro lado. Y se para en la jaula de al lado donde había unos gatillos. Y se pone a ladrar. Yo tampoco quería ser menos, así que también me puse a ladrar, buenos, a aullar más que a ladrar.

De repente, se abre la puerta y entra aquel tipo a darme mimos. ¡¡Y chuches!! ¡¡Qué ricos estaban!! ¿Me llevaría con el? Luego, en un momento, veo al otro Alaskan y nos enfrentamos. Como yo era la jefa del lugar, tenía que ponerle firme al otro. Pero la cosa salió mal. Estaba recién operada y un poco flacucha. Con lo que el otro me mordió de lo lindo. Yo lloraba y lloraba. Me rindo y el otro sale de la jaula ordenado por el tipo de las chuches. Era el amo de ese Alaskan. Pero le noto muy triste. Vio que me salía algo de sangre cerca del ojo, y se acercó con algo blanco y me empieza a darme mimos mientras me va limpiando la herida. Su mirada me decía que me iba a llevar, a sacar de ese infierno, pero su compañero fue más fuerte, y ¡¡algo brutote conmigo!!

Estuvo conmigo bastante tiempo dándome mimos y limpiándome la herida del brutote. Le movía el rabo para hacerle ver mi alegría con el, por esos cuidados y mimos que me dedicaba a mi solita, y que no se entristeciera conmigo, que ya era mayorcita y ya no había nada que hacer por mí, sino sólo esperar a que me durmiera un día para no más despertar.

Me abrió la jaula y fui con el. No quería que me dejara de dar mimos, pero afuera me esperaba el brutote.

Una vez en el patio, escucho al humano recriminar al brutote, llamándole por Roy. Hace lo posible para que Roy me dejara tranquila mientras hacía “mis cositas”. Me animé con ello. Y mi autoestima también.

Empiezo a dar vueltas en el patio, yendo de un lado a otro pidiendo mimos a los humanos que se encontraba allí, pero nadie me hacía caso. El otro también hacía lo mismo, pero le contestaban igual que a mí. Vaya, parece que la cosa era grave. Al final tendría que hacerme respetar a ese brutote para calmarle los humos de una vez por todas, y decir que ¡¡aquí mando yo!! Otra vez gruñidos, mordiscos, y al final me rindo. No puedo con el. Es más fuerte que yo y más joven. Bueno, por lo menos por ahora mientras esté flacucha, que luego, ya veremos quien mandaría.

Pero veía algo de tristeza en los ojos de los humanos. ¿Será que les hubiera gustado que nos hubieramos llevado bien desde un principio? Eso parecía. Al final el tipo de las chuches me lleva de nuevo a la jaula y se queda conmigo dándome mimos y halagos. Le doy besitos para que no se vaya, y que me saque de allí, prometiéndole que me portaría bien, incluso con el brutote ese.

Pero se va al final. ¡¡Cuanto dolor!! ¡¡Otra vez sola en aquella jaula sin poder tener un amo a quien confortar ni confortarme!! Paso la noche aullando, intentando consolar mi tristeza y pidiendo que viniera a por mi lo cuanto antes el tipo de las chuches.

Al día siguiente, ya cansada y decaída, escucho un coche. Ese coche sonaba distinto al de mi cuidador. ¿Sería el tipo de las chuches? Olfateo el aire, aullo,… ¡¡¡Y me contestan!!! ¡¡¡El tipo de las chuches me oyó y me estaba aullando!!! ¡¡¡Qué contenta me puse!!! Olfateo más para ver si viene solo o no, pero sólo le olía a el. ¿Me llevaría? Estaba muy impaciente. Aullaba, y el otro me contestaba. ¿Podría ser que me sacaría hoy? No me lo creía. No me importaba tener que compartir caricias y mimos con el brutote. ¡¡Pero que me sacaran ya de allí!!

Oigo otro coche. Este sí es de mi cuidador. Escucho como hablan y abren la puerta. Yo ya no puedo más. Ladro y aúllo de lo contenta que estoy. Vienen hacía mi jaula y les veo. Mi cuidador y el tipo de las chuches. Mmmm… Huelo chuches…. Mmmmmmmmm… así que tendré que portarme muy bien. Nada más abrir la jaula me siento delante del tipo para ver si mi carilla le dá pena y me dá alguna que otra golosina…. Siiiiiiiiiii…… ¡¡¡Qué ricas están!!!

Les noto distintos, alegres pero preocupadas, pero me dicen que me voy de allí. Estaba que no podía más. No podía contener mis emociones. Iba a salir de aquel infierno. Iba a tener un nuevo amo.

Estoy un rato con los dos y de repente, el tipo de las chuches se saca algo del otro bolsillo. Y no eran chuches. ¡¡¡Una correa!!! ¡¡Era verdad!! ¡¡Iba a salir de allí!! Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Me la ponen y voy corriendo hacía la puerta. Me la abren. ¡¡No me lo podía creer!! ¡¡Estaba fuera!! Echo mi ultima meadita como recordatorio de aquel lugubre lugar y me montan en la parte trasera del coche del tipo de las chuches.¡¡El me había adoptado!! Y sentía la lluvia sobre mi pelo. ¡¡Era libre!!

Por fin arranca el coche y nos vamos de allí. Me dice cosas pero no consigo recordarlas de lo contenta que estoy. Yo voy calladita durante todo el camino ya que no quería defraudarle. Lo que no me gustaba era el olor del brutote que había en aquel coche. Pero bueno, con tal de salir de allí, cualquier cosa era mejor.

Pensaba que ya habíamos llegado cuando paró el coche. Pero veía que no me abría la puerta. Estaba desesperada. No podía perderle de vista ni un momento. ¡¡Era mi salvador y tenía que estar a su lado!! Como no puedo salir, al final me quedo esperándole dentro del coche, con los ojos muy atentos. Le veo un poco lejos. Parecía sentado. Y me parecía que me observaba. Mmmm… Eso es bueno, estaba pendiente de mí aunque no estuviera conmigo.

Veo acercarse y se monta en el coche. Me dice que nos vamos a casa y arranca el coche. Intento ver el paisaje pero estoy muy cansada de tanto trote. Al final me recuesto como puedo pero no estoy mucho tiempo acostada. Estoy muy nerviosa. Y no consigo descansar.

Por fin el coche se para. Sale mi nuevo amo, me abre la puerta y me pone la correa. ¿Me va a sacar a pasear? Siiiiiiiiiiiiii Por fin puedo estirar un poco mis sufridas patas. Escucho el brutote ladrar y aullar pero no me importa en absoluta. ¡¡Iba a pasear!! Incluso la lluvia que caía del cielo me sabía a gloria. Sentía mi pelo mojarse, pero mojarse mientras paseaba. Eso sí, hacía tanto tiempo que no paseaba que al final me he cansado. Y por fin pude hacer “mis cositas” fuera. Ahhh, y de paso marcar “ese mi nuevo territorio”.

Veo que mi nuevo amo me habla continuamente. Le noto muy atento conmigo y me va diciendo cosas que al principio no le entiendo. Luego, observo cómo caminamos de nuevo al coche. Nos paramos cerca de él y cruzamos la calle. Escucho llaves. Y al brutote pero en un tono más apagado. Entro y empiezo a oler todo. Huele todo al brutote. Mi nuevo amo me cambia de correa y me ata en un lado. ¡Qué raro! Veo que me deja un momento solo y oigo al otro. Y le veo, pero no viene directo hacía mí. También le han atado. Bueno, por lo menos estamos los dos atados. Veo que cuentan 3, 2, 1,… ya… Y me siento libre, y el otro jodio también. Nos olemos, nos gruñimos, nos tanteamos, intento marcarle pero al final resulta que no puedo ganarle. Es muy fuerte. En fin, otra vez será. Estamos un rato los dos dando vueltas en el jardín probándonos y viendo quien de los dos es el preferido del “amo”, pero este no hace caso a nadie. Pasa de nosotros dos. En un momento, entra en lo que parece su casa y sale al rato con un par de cuencos. ¿Comida? Habría que probar, ya que cualquier cosa es mejor que la de aquel infierno. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Dios!!!!!!!!!!! Si sabe a comida buena. Me lo comí con tantas ansias que quería más. Lo que notaba del otro es que comía despacio, parecía que masticaba. A mi me daba igual, tenía muchas ansias de probar algo distinto a lo de aquel infierno. Y si encima era bueno, ¡¡mejor!! No pude “atacar” el cuenco del otro porque el “amo” estaba en medio de nosotros dos. Así que me tuve que contentar con los mimos que me daba mi nuevo amo por haber acabado primera.

Luego nos dejan solos y me pongo a investigar. Encuentro cosas que el brutote las había escondido y me los devoro. Lo que me extraña es que el otro no me rechistara. Bueno, pues sigo olisqueando mi nuevo territorio y ver qué mas el brutote ha escondido en el jardín. Encuentro de todo, un hueso de esos de piel que me lo devoro sin más, una especie de palito que no me dura ni 2 segundos y poca cosa más. Descubro alguna que otra pelota. Ayyyy, qué recuerdos de mi viejo amo, cuando me tiraba la pelota a mi sola.

El otro me sigue, pero yo le rehuyo. No quiero que me haga daño. Y si hace falta sacar los dientes los saco. Veo que hay una casita pero el otro me dice claramente que es suya, y me impide cobijarme dentro de ella. Bueno, le tengo que respetar ya que es su territorio. De repente, el amo sale de casa, los dos le vamos a pedir mimos, pero veo que el otro se sienta. Qué raro. Bueno, mejor para mí, así son más mimos para mi sola. Vaya, al final me han dado sólo unos pocos mimos al igual que a él ya que el amo sale de casa dejando a nosotros dos solos.

Pasado un tiempo vuelve con unas bolsas y veo que trae como una especie de plastico (olia a plastico pero no era plastico) y se pone a hacer como una especie de toldillo en una esquina del jardin. Al rato, trae desde dentro de casa un trozo grande de cartón y lo pone debajo. Bueno, por lo menos no pasaré la noche a la intemperie mojándome por la lluvia que caía. Y en algo más blandito que el duro suelo de cemento de aquel infierno.

De repente, veo que el otro se pone muy contento. Curioseo a ver que estaba pasando y vi que el amo llevaba en la mano dos correas. ¡¡Qué bien!! ¡¡Otra vez de paseo!! Nos ponemos los dos muy contentos, pero al amo no le gustó mucho, ya que se sentó en una escalinata y soltó las correas. Le decíamos de todo, pero sólo recibíamos negativas del amo. Al final, tuvimos que claudicar de nuestra postura para que nos pusiera las correas para salir a la calle. El amo me puso una corta, y al brutote le puso la extensible. Bueno, tenía sus privilegios. Vamos como locos a la puerta, pero nos hace echarnos para atrás. El amo tenía que salir primero. Bueno, era nuestro líder con lo que nosotros dos le dejamos pasar.

Ya en la calle, ahí me dí cuenta de las palabras que me decía antes y que no las entendía. El brutote sí que las sabía así que me dediqué a observar y a repetirle sus gestos cuando el amo las decía. Cosas como “Quietos”, “a cruzar”, “gee”, “jaa”, “vamos”, “media vuelta”, “a casa”, y el consabido “no” de turno. Rápidamente aprendí todo ya que veía que el amo a veces le resultaba costoso caminar con dos perros al mismo tiempo. De vez en cuando el otro se enrevesaba y hacía que el amo se contorsionara como si estuviera en un circo. Y yo siempre por la derecha. No quería defraudarle a mi nuevo amo.

El paseo a sido corto, pero me encantó. Disfruté muchísimo pudiendo oler nuevos olores de mi nuevo territorio. Y lo que más me gustó es que luego nos dio otra ración. Me lo comí rápidamente. Tanto que incluso cuando acabé, y como el amo no estaba en medio de nosotros dos, le ataqué al plato del brutote y éste se dejó.

Bueno, al final pude dormir plácidamente en mi nuevo hogar. Incluso quería jugar con el brutote pero el otro no hacía mucho caso. Era difícil convencerle ya que se sentaba y me hacía de rogar. En una rápida mirada a mi amo, le vi una sonrisa. Me gustó. Pero el jodio del brutote era difícil de convencerle. Y cuando nos poníamos a jugar al final, sentía dolor por los puntos que tenía y tenía que dejarlo porque lloraba de dolor.

A la mañana siguiente, el día apareció radiante, con un sol espléndido. Salimos a pasear varias veces (una vez que nosotros dos estuviéramos calmados que sino, el amo seguía en sus trece), conocí nuevos compañeros, mi amo me cepilló con esmero (cuanta falta me hacía un cepillado) quitándome todo ese pelo muerto y estropeado que tenía, me dio chuches y muchas carícias. Lo que no me hace mucha gracia es que el brutote pueda entrar de vez en cuando dentro de la casa. Pero como es el líder, pues hay que respetarle en su puesto.

Lo malo es que cuando salía de casa. Fue tanto el cariño que me dio en poco tiempo que no quería perderle, y empecé a aullar para ver si regresaba pronto mi amo. El otro me miraba raro cuando aullaba pero no me acompañaba. Qué raro era. No quería ni quiero separarme de mi nuevo amo.

A ver si me quitan los puntos y ya os contaré qué tal la semanita. Y cuando pueda, mi amo os pondrá mis fotos.

Guauuuuuuuuu

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