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Historia de tu Nórdico: KARNAK, PRE-ADOPCION.

Enviado por esther

Soy un alaska que se llama Karnak, de unos 9 años. Fui el típico regalo de reyes que el padre historiadetunordicocalzonazos hace a sus hijos gilipollas, cuando estábamos de moda. A los cuatro meses, cuando se acabó la gracia, me dejaron a cargo de una abuela que tampoco tenía mucho interés en que no me atropellaran, así que, para evitarlo, no hizo absolutamente nada y mi salvación fue quedarme en la puerta de un bar en la que los dueños, de cuando en cuando, me dejaban caer algo, sin decidirse a adoptarme.

Andaba vagando por el centro de Barcelona, como siempre, cuando topé con un tremendo bocata de atún pegado a la que iba a ser mi futura mami. Me hizo gracia desde el primer momento: los bocatas siempre han sido lo mío, así que la fuí siguiendo y no le costó mucho dármelo entero. Mientras me lo iba comiendo, me buscó en el cuello vés a saber qué y cuando se dio por vencida, preguntó a los vecinos si me conocían, y como nadie dijo que sí, me dijo que se me llevaba a casa de un amigo hasta que hablase con no sé quién. Estuve una noche allí y al día siguiente fui en taxi hasta un refugio. En el refugio de Sant Feliu estuve alrededor de medio año. Intentaron adoptarme un par de veces, pero siempre fui devuelto: la primera vez, por no adaptarme con otro perro que me tenía crujido. La segunda, por lo mismo. Cada semana venía a verme mi bocadillo de atún con patas que, me decía, que pronto me iba a sacar de allí. Cada vez que se marchaba, me quedaba hecho polvo en la jaula, llorando como un macaco. Me estaba encariñando con ella. De repente, un día no sé cómo, no me pude ni levantar: tenía los ojos con un velo blanco que me impedía ver, había perdido peso y cuando llegó el veterinario, le dijo a mi cuidador, Josep, que había cogido el moquillo. Aquella misma semana, mi dueña había comprado ya su piso, y venía con la intención de llevárseme. Cuando la ví, intenté levantarme y me flaqueaban las patas traseras. Comenzó a llorar y le lamí las manos para que no lo hiciera. Sabía que juntos lo íbamos a superar: al fin y al cabo, no hay nada que no superes con alguien que te ha dado su cena un día. Me dice mi dueña que os lo seguiremos explicando pero que ahora se tiene que ir a trabajar. Besos de los dos (bueno, de los cinco…porque ahora somos cinco!!!)

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