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Historia de tu Nórdico: Crónicas: La Entrada de Roy en su nuevo hogar

Enviado por jbuson

Como lo prometido es deuda, aquí paso a comentar en cómo ha sido la llegada de Roy a su nuevo historiadetunordicohogar. Espero que a mucha gente que esté pensando en adoptar, este artículo le sirva de ayuda a la hora de ganar la confianza, afecto y cariño de su nuevo perr@.

Desde la muerte de mi anterior perro (Hommer), Roy (Antes DYC) se ha ganado el afecto de todos en casa. Es bien cierto que a unos más y a otros menos, pero supongo que no todos comparten mis emociones para con el.

En el viaje camino a casa, Roy se comportó del todo bien en el maletero del coche (tengo un Astra 3 puertas). Miraba fijamente la carretera, y yo siempre que podía le miraba por el retrovisor. Le estuve continuamente hablando, a lo que me respondía a veces con ese ladrido-aullido tan particular de los Alaskan en cuanto están contentos. No se mareó en ningún momento, algo que me indicaba que había viajado anteriormente en coches. Incluso miraba con atención a un descapotable, y me dio que pensar que posiblemente, su(s) anterior(res) propietario(s) tuviera(n) un coche como ese. Y a todo esto, iba pensando en la tremenda bola de pelo que llevaba atrás y en el tremendo “trabajo extra” que tendría a partir de ahora, y en el tipo de educación que tendría que darle sin llegar a los azotes, así que pensaba obtener al día siguiente toda la información acerca de esta raza, en cómo educarles y si hacía falta o no adiestradores profesionales. Y este último punto lo voy a llevar a cabo aunque me cueste una pasta.

También iba pensando en la reacción de mis padres y de mi mujer. En cómo lo recibirían, pero de ninguna forma le iba a abandonar a su suerte. Pienso que ante todo, hay que ser consecuente con los actos de cada uno toma. En un momento, mi padre me llama por el móvil diciendo que ni se me ocurriera traer un perro a casa, a lo que contesté dándole largas y rápidamente colgué. Mi cabeza analizaba lo ocurrido, pero era mirar a los ojos del perro por el retrovisor y rápidamente me calmé. Este perro, que hacía menos de 1 hora que estaba conmigo ¡¡y ya me estaba dando paz!! Era como si el me dijera “no te preocupes, que al final todo va a salir bien”. Llegando a casa, le saco a pasear para que conozco su nuevo territorio y continuamente el bicho me miraba y movía su rabo de contento mientras olfateaba y hacía sus cosas. Se notaba que estaba contento, y me irradiaba felicidad aunque pensara en Hommer.

En el momento en que entré en casa, mi padre salió a recibirme enfadado, diciendo que lo devolviera, que no quería otro perro en casa. Mi madre y mi mujer salieron con cara de asombro al ver a esa enorme bola de pelo que traía y diciendo que estaba loco. El perro, al ver tanta gente, se acercó con las orejas agachadas y moviendo el rabo a que le dieran mimos. Mi padre lo rehuyó al principio, y mi madre, mientras le acariciaba, me decía que cómo se me había ocurrido traer a un nuevo perro a casa si en ese mismo día, había llevado a Hommer a su destino final, y en todos los posibles problemas de un perro abandonado (educación, cuidados, higiene, fobias, manías,…) de año y medio aproximadamente. A todo ello, yo le contestaba lo que pasaría con ese perro si no lo hubiera adoptado, en el triste final que tendría esa misma semana, en que me daba mucha rabia que a este perro tuviera el mismo final que Hommer. Yo estaba dispuesto a defender al pobre animal hasta las últimas consecuencias. Y no es que sustituyera a Hommer, sino que le daba la oportunidad de un ser vivo ¡¡de poder vivir!! sin pasar por el mismo camino que tuvo Hommer. Creo que mi madre se encariñó del perro, y no es de extrañar con lo mimoso que es con la gente. Tanto que obligó a mi padre a lavar y desinfectar la caseta de Hommer, eso sí, gruñendo, no Hommer, que el pobre lo tenía dentro de su urna con las cenizas, sino mi padre, para darle un nuevo uso a este nuevo miembro de la familia, mientras mi madre lavaba todo el jardín.

Como no me despegué del perro en ningún momento, ya que tenía que ganar su confianza, y demostrarle que yo no le dejaría, que le cuidaría, en que sería su lider, el perro tampoco se alejaba mucho de mí. Se apoyaba en mis piernas, me metía el hocico para que le siguiera dando mimos y toda mi familia miraba. A veces el perro les invitaba a acariciar, pero rápidamente volvía a mi lado. Se notaba que estaba a gusto conmigo. Mi madre en una de estas, le empieza a decir cómo le bautizaríamos. No tenía ni idea. El nombre de Hommer no era posible. Me hubiera gustado saber en cómo le llamaban sus anteriores dueños para que el perro no se sintiera a disgusto. Intenté llamarle por todos los nombres que se me ocurría para observar su reacción, pero nada. Al final, salió el nombre de “wisky” y recordé el nombre del perro de mi jefe (Dyc), y lo rebautizamos como Dyc, o Dicky que era el que más le llamaba la atención. Pero a mi madre no le gustaba y siguió dándole vueltas al asunto.

Como todavía tenía algo de pienso de Hommer (Pedigree), le di de cenar pero no le hizo mucha gracia. Supongo que no le gustaba el sabor ya que comía a ratos, pero eso yo lo cambiaría al día siguiente en que le compraría otro tipo para probar. Lo malo del cambio de alimentación, o de tipo de pienso, es que estos animales al final tienen diarrea hasta que se acostumbran al nuevo. Así que, para aquellos que traigan un perro adoptado (sea el que sea, por lo menos la mayoría), no descarteis esta posibilidad en cuanto no estéis con ellos. Sacarle a menudo en cuanto le veais “excitado”. A la hora de dormir, si teneis piso, poner hojas de papel de periódico en la puerta de casa y a ver si el perro se adapta a dicha situación. Si teneis jardín, recordar que al día siguiente habrá muchos “regalitos” desperdigados por el jardín. Y si encima es macho, tanto si habeis tenido perro anteriormente como si no, contar que sitio que huele, sitio que marca. Si le pillais en el momento, reñirle siempre con un NO rotundo y mostraros enfadados. Si contais con esas pistolas de agua, también ayuda para echarles un buen chorro mientras le regañamos con el NO de siempre. Hay que recordar que el NO siempre debe ser NO. Y aparte de tener las típicas bolsitas para recoger las defecaciones, también contar con toallitas húmedas (no sirven bien los típicos kleenex de papel) en el bolsillo (ahora mismo siempre las llevo) para limpiar luego el trasero del perro si este tiene mucho pelo (como es el caso del mío) que, después de que el pobre se levanta, cuando veais su trasero, aquello es indescriptible. (¡¡¡Diossssssss, qué horror de guarrería!!!) Limpiarlo siempre demostrandole en todo momento de una calma y firmeza de lo más absoluta, por mucho que se menee. Las carícias en exceso después de la limpieza son siempre agradecidas por ellos.

Volviendo al Alaskan, en ningún momento me despegué de el, estando a su lado hasta casi las 2 de la mañana. Estaba cansadísimo por todo lo ocurrido en los días pasados, pero era acariciar y verle, y entrarme esa sensación de bienestar interior difícil de expresar mediante palabras. Sabía que el debía quedarse fuera de casa, en el jardín, a pesar de que posiblemente este perro estuviera anteriormente dentro de casa. Ya sabía la opinión de mi padre. Al final, me tuve que levantar e ir a la cama, no sin antes darle unas calentoñas y decirle “chao” para que asociara esa palabra con que me iba y que se quedara tranquilo. A pesar de ello, se quejó. Hommer por ejemplo, lo entendía a la perfección. No tengo ni que decir que fue caer en la cama y caer en el más profundo sueño.

Por la mañana, como hay que trabajar, al salir el ya estaba esperándonos para saludarnos. Y de paso contemplo una serie de pequeños montículos, que más que montículos parecían barro mojado. Vaya desgracia para mi padre. Unas caricias y otra vez le digo “chao”. Ese día por la mañana, en los ratos que tenía libres, recopilé y tragué mucha información acerca de la raza para ver cómo debería educarle, y al mismo tiempo, educarme a mí mismo. Me di cuenta que este perro aprende muy rápido, que no era el típico perro. Era “otra cosa”. Cuanto más leía, más me asombraba y me gustaba. Las conclusiones a que llegaba era que este tipo de perros no puede ser para gente “no iniciada” en el mundo canino, que de golpe y porrazo te encuentres con una bolita de pelo en las manos y pienses en que se comportará como un pastor alemán de mayor. Le daba gracias a Dios por haber tenido antes a Hommer, a pesar de su fuerte carácter dominante. Son muy difíciles de comprender. Y hay que pensar muchas veces como si fueras otro Alaskan para poder comunicar y hacerte entender a tu perro. Su jerarquía, su adaptación y socialización para con la gente y otros perros, en su lenguaje tanto corporal como “aullidos”. Era un mundo completamente nuevo para mí. Era leer y al paso de cada lectura, más me enamoraba de estos bichos peludos, a pesar de que muchas veces leía cosas no tan buenas.

Pues bien, cuando llegaba a casa con el coche, mi padre justo le estaba sacando a pasear en ese momento (con una cara no muy buena, ya que le había endosado otro perro que pasear), y cuando me vió el Alaskan, empezó a tirar de mi padre hacía mi. Me reconoció. Y eso me alegró un montón (por lo menos en parte), ya que hacía apenas pasado 16 horas desde su llegada y me reconocía como alguien conocido y querido. Me llenó el alma. Lo que no me alegró fue como me dejó la puerta del coche (buaaahhh…) ¡¡Vaya zarpas!! Bueno, al final mi padre me lo endosó ya que era mi perro y que yo le tenía que sacar, algo que lo hice muy gustosamente. Aún así, mi padre me dijo que se había meado en todo el jardín, y le dije que tiempo al tiempo, hasta que se haga a su nuevo territorio, y que encima todavía mantenía el olor característico de Hommer.

Un dato muy importante y que tengo que recalcar porque ha sido comprobado por mí es que, si vas de paseo con tu Alaskan y os encontrais con un perro (en mi caso otro Alaskan de 10 años) que el tuyo nunca ha visto, después de sus olfateos correspondientes y viendo que en un principio se caen muy bien (y eso de que los dos eran machos), NUNCA, y repito, NUNCA dejes que el otro dueño acaricie a tu perro, ni tampoco acaricies al otro perro, por lo menos durante unos días. Ellos lo pueden interpretar como que les estás quitando su sitio en su manada. Y eso os puede traer graves consecuencias de convivencia a la larga. Es bueno explicarle al otro dueño las reticencias iniciales si ves que él hace ademán de acariciar al tuyo, o si ves que el suyo se acerca a ti. Lo entenderá a la perfección, pero se quedará con las ganas de acariciar a tu perro y tu al suyo. Recuerda que siempre habrá otros momentos más proclives para las caricias.

En ese segundo día, salí a comprar otro tipo de pienso (Breakies exceel MIX de carne). También quería comprarle una nueva equipación (vease collar, correa extensible, comedero, bebedero, peine,…) porque no quería que siguiera utilizando los mismos utensilios de mi pobre Hommer. Hommer era Hommer y Dyc es Dyc. Cuando salía de casa, Dyc ya me echaba de menos ya que oía sus ladridos cuando cerré la verja. Al volver a casa, una vez efectuadas las dichosas compras, me estaba esperando en la puerta moviendo su rabo, que más que rabo, parece un recoge polvos gigantesco. ¡¡¡Y vaya peazo de nudos!!! A ver si le llevo pronto a una peluquería canina. Volvía a tener la dichosa diarrea, pero había que darle tiempo al tiempo, y llevar siempre las dichosas toallitas húmedas en los bolsillos. Y era una gracia cómo cuando le ofrecí un poco del nuevo pienso con la mano, lo comía con esa delicadeza y gracia propia de el.

Decidí llevarle a darle una vuelta muy larga con el fin de que se habituara (y yo también) y de paso cansarle un poco (iluso de mí). Estuvo todo el rato olisqueando, pero en cuanto me paraba, pasado un corto espacio de tiempo venía a mi lado. No me tiraba mucho (comparado con la mala bestia que tenía antes), exceptuando cuando veía a algún perro con expresión de pocos amigos. Regañina al canto con su NO correspondiente y empecé a decir “dejalo” para cuando veía otro perro de las mismas características con algún que otro tirón de la correa (personalmente recomiendo collar tipo ahogador de nylon resistente, ó collar redondo. El collar de pinchos puede tener contraindicaciones).

Ya en casa, otra vez me acosté a las tantas de la noche por estar a su lado, dándole mimos y caricias de forma casi continua, con excepción de alguna que otra vez en que le decía que ya estaba harto de tanta zalamería con la palabra “llega”. Antes de irme, otra vez la palabra “chao” y esta vez el perro ya no se puso tan nervioso como la noche anterior.

3· Día: Otra vez a trabajar, y otra vez al abrir la puerta me estaba esperando. Contemplo el panorama del jardín (esta vez sólo había dos “nuevos montículos”). Unos mimos más y me despido de el con la palabra “chao” y el tranquilamente se vuelve a su sitio y se sienta mientras nos vamos. ¡¡Me estaba comprendiendo y aprendiendo nuestras rutinas!!!

Al llegar a casa del trabajo, otra vez que me lo encuentro esperando. Le digo que me espere mientras me cambio para sacarle a pasear ya que a mi padre se le ocurrió que yo debería sacarle en cuanto llegara para que se adaptara mejor a mí. Veo que me sigue con la mirada, y cuando me vuelve a ver ya está del todo contento e impaciente (me imagino de salir a la calle).

En este día, creo que me pasé toda la tarde en la tienda de animales curioseando los distintos peines, collares, correas extensibles, comederos, libros, piensos,… uffff… ya que estaba agobiando, pero creo que ha valido la pena. Por lo menos, aprendí cosas nuevas.

Y ya por la tarde noche, otra vez a estar a su lado. Cuando ya no me tenía ni en pié por el sueño, unos últimos mimos y otra vez “chao”. Me mira y se va a tumbar a sus sitio.

4· Día y fin de semana: ¡¡¡Por fin ya es viernes!!! Por lo menos podré dormir algo más este finde, por lo menos era mi ilusión porque al final ha sido estar con el perro casi todo el fin de semana. Entre cepillados, que le encanta con excepción de cuando le toca la parte de atrás y paseos, acabé rendido. Y seguía buscando un pienso que le gustara. ¡¡Qué señoritingo es con la comida!! Si creía que ya había conseguido un pienso que le gustara, craso error.

Después de esta semanita, el comportamiento de Roy ha ido mejorando, con alguna que otra excepción (en un descuido de mi madre, entró sigilosamente en casa y “marcó” dos lugares en donde se ponía Hommer). Conseguí incluso que, aunque no desprecia ningún mimo de otras personas (es extremadamente mimoso), si le llamo, se viene a mi lado ipso facto. ¡¡¡Si es que al final lo he convertido en un perro faldero!!! Lo he llevado a pasear mucho (he incluso adelgazado), a sociabilizarse con otros perros “casi” sin ningún problema, a estar con gente diversa, a acatar alguna que otra orden, como el hecho de que, una vez que llegamos a casa después dar los paseos, el se sienta a mi lado para que le quite el collar (y de paso recibir una sesión de “rasca-rasca” en el cuello), a saber estar tranquilo cuando me marcho (con la palabra “chao” y “a dormir”),…

Lo malo de toda esa semanita es que acabé destrozado, con mucho cansancio acumulado y con sueño atrasado.

No me voy a enrollar más, que había decidido escribir un breve resumen y al final parece que estoy rescribiendo “Guerra y paz”.

Para finalizar, simplemente decir que este perro me ha cautivado por completo. Ya sé que al principio, no todo iba a ser como un mar de rosas, pero con paciencia (mucha paciencia), templanza, firmeza en decir lo que estaba bien y lo que no, a hacerte ver que, ante todo, eres su “Lider” y que le cuidarás como corresponde al jefe de la manada, con sus mimos cuando hay que darlos (no siempre cuando él quiere, cuando le digo “llega”),… agua.. toda la que quiera, comida,… a sus horas (repartidos por la mañana y por la tarde noche), paseos… todos los posibles (pero no siempre cuando el quiere), encuentros con otros perros,… todos los posibles siempre con cautela y observando muy bien los comportamientos de los perros, y separando y riñéndole siempre cuando las cosas se iban fuera de forma, a indicarle sus “nuevas pautas” de comportamiento dentro de la “nueva manada”, y sobretodo, gritándole lo menos posible, a no ser que le pillaras en algo muy grave, como enfrentarse a otro perro (NO… y si seguía en sus trece.. NO con “toba” en el hocico. Si llevas una pistolilla de agua, también puede ser efectiva, pero lo malo es que hay que “recargarla” una vez vacía y no siempre encuentras sitio para recargarla), y felicitándole muy efusivamente cada vez que te hace caso, bien con palabras o con caricias como, por ejemplo, cuando “pasa olímpicamente” de un perro con cara de pocos amigos a su lado, a estarse quietecito mientras le cepillas diciéndole tonterías y calentoñas. Y creo que lo más importante de todo es leer, leer hasta que te salgan las letras por los oídos, y aprender a observar a tu perro para saber qué es lo que él demanda a cada momento.

NUNCA pienses que haces el ridículo delante de la gente cuando vas paseando con el y le vas diciendo cosas. EL TE NECESITA, y a la larga, tu mismo te lo vas a agradecer por el buen trabajo que has hecho y en el compañero fiel que tienes a tu lado. Recuerda que como “LIDER” de la manada, tienes el Derecho y la Obligación de enseñarle todo lo que puedas para que, en el día de mañana, nunca te arrepientas.

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