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Historia de tu Nórdico: Hola, soy Klaus

Enviado por Takara

Yo era una bola de pelos blancos de un mes. De golpe un chico me separó de mami.Yo no paraba de historiadetunordicollorar. Toni me acariciaba y hablaba bajito, pero me daba igual. Luego conocí a Leti. Me hice el rey de la casa y me aprendí mi nombre. Pero con mis seis meses llegaron los problemas. Se empeñaban en rascarme por todo el cuerpo, tocaban mis juguetes, incluso pretendieron bañarme una vez. Claro, yo gruñía y como se empeñaban en hacer conmigo lo que querían un día me enfadé y no me quedó más remedio que atacar a Leti, ¡qué se había creído! Se puso a llorar y Toni me gritó muchísimo.

Me sacó a la terraza y me dejaron toda la noche fuera. Yo gritaba y no me hacían caso. No entendía nada. Pasó varias veces, hasta que hice sangre en la cara a Leti. Toni me cogió muy enfadado y me llevó a una residencia. Ella lloraba y él me insultaba. No entendía nada, ¿por qué se fueron sin mí? A los tres días vinieron a por mí porque alguien tenía que pasar las vacaciones en mi caseta. Su comportamiento había cambiado. Ya no me dejaban subir al sofá, ni dormitar en el pasillo para controlar, ni pasar por delante en las puertas, ni pasear por delante de ellos. Yo me enfadaba y en cuanto gruñía un poco, me encerraban en la terraza una hora. Así que decidí callarme. Un día me picó un bicho. Yo me encontraba fatal. Toni me vio y se asustó mucho. Me llevó en brazos al hospital, me compró un montón de pastillas y no se separó de mí en todo el fin de semana. Fue muy importante para mí. Decidí que fuera mi papá. Otro día, cuando estaba haciendo cacotas, vino un perro hacia mí, ladrándome y enseñándome los dientes yo tenía mucho miedo, me quedé inmóvil. Leti vino hecha una furia. Nunca la había visto así. Le ladró un montón al perro y a la dueña, incluso le pegó una patada en la nariz cuando quiso morderme. Pensé que sólo una mamá me podía defender así. He decidido que ellos se ocupen de la manada. Sólo me piden que vaya, me siente y esté quieto cuando ellos lo manden y a cambio me llevan al parque, me rascan y jugamos horas y horas. ¡A veces hasta me dan huesos y orejas de cerdo ahumadas! Sólo pido una hermanita de mi tamaño, aunque me lo paso bomba con Iris, la gatita de la casa. No paramos. Mamá se ríe mucho con nosotros. De todas formas me han prometido que cuando ganen más dinero viviremos en un chalet y me traerán una compañera. Ahora tengo un añito y medio y mis papis me adoran. Cuando quiero algo les miro y enseguida me entienden. Creo que están orgullosos de mí y soy feliz.

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