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Por Nuestros Amigos: Toda una vida

Enviado por husky

pornuestrosamigosSiento mi cuerpo dolorido, me canso por todo, apenas como, mi memoria cada día es más olvidadiza y siento que el final está cerca. Me llamo Tiwanacu, y me dispongo a cortarles mi vida, en éste breve relato. Uno de mis primeros recuerdos, es la voz de un taxista, hablándome. Comentaba algo sobre la extraña situación que estaba viviendo, de cómo había sido capaz de dejarse convencer, en tales menesteres. Yo, asustado, le miraba sintiendo un miedo espantoso y procuraba no moverme demasiado, ya que, estaba a punto de orinarme en el coche, y aún siendo muy pequeño, yo ya sabía las consecuencias que eso podían provocar en mí, y no estaba por la labor de probar las “artes” de aquel señor. El solo hecho de escuchar su voz y la forma en que me miraba provocaban pánico en mi cuerpo. Yo, miraba por la ventanilla, y veía como se movían las cosas. Nunca antes había visto una cosa así. Adelantábamos a otros coches, sin hacer el mínimo esfuerzo. Yo, no entendía nada.

De repente, comencé a sentir una sensación extraña, me dolía la cabeza, mi estómago no paraba de moverse; me estaba mareando. Decidí tumbarme y dejar de mirar por la ventanilla. El hombre no paraba de hablar por un aparato muy extraño, del cual salía una voz. Yo seguía escuchando además, otra voz que parecía salir de una pequeña cajita del coche. ¿Me estaría volviendo loco? Decidí taparme los oídos, cerrar los ojos y procurar dormir, y no pensar, en lo que me estaba sucediendo.

Un ruido ensordecedor me despertó: ¡Piiiiii, piiiii, piiii!, provocándome un sobresalto terrible. El taxista, no paraba de inspeccionarme, y de protestar por como había dejado todo de pelos. Yo, me encontraba aturdido, asustado, en una situación de lo más absurda, sin entender nada de lo que estaba sucediendo a mí alrededor y por supuesto, completamente fuera de lugar. Alguien se acercó, habló con el conductor y a los pocos segundos, se abrió la puerta y una chica vestida toda de verde, a la que yo no conocía de nada, comenzó a acariciarme. Eso, poder poner los pies en el suelo, el respirar un poco de aire fresco y la marcha del taxista, me hicieron sentir bastante mejor.

Varias personas me rodearon, me hicieron carantoñas y me estudiaron cuidadosamente. A pesar de tratarme bien, me inyectaron algo en mi cuerpo, que no me gusto demasiado, ya que me dolió. Pasé por un pequeño callejón y vi, por primera vez, a muchos como yo. Todos éramos diferentes, pero a la vez, algo nos unía. Ellos no paraban de hablar, pero de una forma completamente diferente. Mucho más sencilla y fácil de entender para mí. Muchos me dieron la bienvenida, algunos me amenazaron, y alguno que otro se rió de mí, sin yo saber muy bien porqué. Me encerraron en una jaula de muy reducidas dimensiones, y en compañía de un viejo pastor alemán. Yo le solté un pequeño hola, bebí un poco de agua, para paliar la tremenda sed que tenía, me acurruqué en una esquina y dormí durante horas. Al despertar, traté de poner en orden, lo sucedido. Me costó bastante aclarar mis ideas, y tras realizar una pequeña recapitulación; esto fue lo que recordé. En primer lugar mi nombre, “Tequila”, también recuerdo la voz de Paco decirme que se va a Sevilla, y que yo, no puedo ir con él.

Yo, no entendí mucho más, porque todavía soy un cachorro y no comprendo mucho el idioma de las personas, pero pude distinguir un tono de cierta melancolía en su voz, y a través de su olor corporal, sudor, un poco de miedo y tristeza. Luego, una llamada, el taxi, las personas de verde y la jaula.

– Hola, ¿Cómo te encuentras, pequeño?
– Me llamo Tequila, y no soy pequeño, ya tengo tres meses.
– Tranquilo campeón, no te enfades.
– Perdona, es que estoy un poco nervioso. Y tú ¿Cómo te llamas?
– Yo me llamo, Benny.
– Te importaría ayudarme a completar, mi rompecabezas.
– Claro, vamos allá. Tenemos todo el tiempo del mundo por delante.
– ¿Dónde estamos?
– En la perrera “Sara”.
– ¿Y eso es bueno, o malo?
– Según como lo mires. Aquí, no te quitarán del medio nunca, como sucede en las municipales. Te dan de comer, te limpian la jaula, y alguna que otra vez, sales al exterior a pasear.
– Pero yo, no quiero estar aquí. Quiero volver a la casa con mi amo, y tumbarme en el jardín, perseguir mariposas, mordisquear hojas y dormir calentito todas las noches.
– Y yo amigo, pero de ahora en adelante; todo va a ser diferente.
– Pero yo no quiero estar aquí. Yo quiero vivir con alguien que me quiera, me cuide, me saque de paseo.
– Amigo, tú, eres joven y soñador, pero todavía te falta mucho por aprender.
-¿Porqué dices eso?
– Te voy a contar una breve historia. Había una vez un pequeño cachorro, que vivía en una pequeña casa. Dormía con su dueña, viajaba con ella a todas partes, jugaban juntos a todas horas; en pocas palabras, se adoraban. Un día, ella conoció a un hombre, y no tardaron mucho en mudarse a una casa mayor, con un gran jardín. Todo perfecto, si exceptuamos, que el señor de la casa, no soportaba la relación existente entre ambos, y que los celos lo mataban. Cuando ella no estaba, no parada de darle golpes al pobre animal, que aguantaba en silencio, por fidelidad a su ama, y cuando ella no se encontraba en la casa, él se escondía detrás de los árboles, lo más lejos posible de la casa y no se movía de allí, hasta no reconocer el sonido del coche de su ama, para no ser encontrado.

En un segundo todo cambió, a peor. Ella murió en un accidente de tráfico, y yo fui abandonado a mi suerte, en medio de la nada. Tuve suerte y una de las veterinarias que trabajan acá, me encontró; cuando me disponía a poner fin a mi vida, cruzando la carretera. Dos años han pasado desde entonces. Le estoy agradecido por lo que hizo pero, yo ya no vivo, sino esperando el día de reunirme con mí ama, y volver a oler, la fragancia de esos cabellos recién lavados, escuchar sus palabras y disfrutar de sus caricias.

– Es una historia muy triste, pero yo soy joven y pronto alguien, me adoptará.

– Ojalá tengas razón, y yo me equivoque, pero en los dos años que llevo aquí, son más los que vienen que los que se van. Además la gente prefiere los animales de pequeñas dimensiones, hembras y a ser posible de raza. Y tú, mucho me equivoco, o eres un híbrido entre pastor alemán y pastor belga, o como nos llaman los humanos, un vulgar chucho.

– Yo no soy un chucho.
– No te tomes a mal, lo que te digo. Yo se quien eres, pero el problema es hacérselo entender a ellos.

(El tiempo pasaba y eso jugaba en contra de Tequila y a favor de Benny, que cada día comía menos).

He pasado de la euforia total, saltos, vueltas, y acrobacias de las primeras semanas al ver entrar una cara nueva en busca de una mascota, buscando ser el elegido; al desencanto de la decepción del perdedor que ve como sus posibilidades son cada vez más escasas. Ahora, mi única reacción es sentarme inmóvil, observando al posible salvador. Benny, tiene por costumbre tumbarse de cara a la pared, como si esa fuese su forma de mostrar su indiferencia a los visitantes.

Las relaciones entre nosotros, se han fortalecido, y Benny no para de enseñarme, todas sus enseñanzas, y me aconsejaba sobre como debo comportarse en caso de ser adoptado.

Pasaron una par de semanas más, y el viejo Benny, no hablaba, no comía, y solo dormía. Yo me acercaba y trataba de animarle, pero todo era inútil. Ayer, se despidió de mí, diciéndome que iba a comenzar un largo viaje. Yo no entendía muy bien lo que me decía, pero hoy, no se ha levantado y se lo han llevado. Yo me siento muy triste y creo que él se ha ido a Sevilla, con Paco.

Acaban de entrar dos chavales jóvenes, todos se alteran y golpean la malla de la puerta, buscando esos segundos de gloria, que te dan la posibilidad de comenzar una nueva vida.

– ¡Qué pena me dan!
– Pues llévate tú uno, también.
– ¡Qué va, tío! Ilenia me mata, si aparezco en casa con otro perro.
– Me parece muy cruel, tener que elegir uno.
– Y lo es Ángel, pero al menos adoptándolo, vas a darle la oportunidad a uno de ellos.
– Tienes razón Norberto. ¿Qué te parece éste?
– Es bastante guapo, pero es un perro demasiado grande para mí.
– Ya, pero yo los prefiero a los pequeños, y a Sole, seguro que le encanta; y además se le ve bastante tranquilo.
– Pues nada, nos llevamos éste. ¿Cómo se llama?

– Tequila, responde la veterinaria. Saliros a dar una vuelta con él, a ver si os gustáis y después venir para la oficina, a rellenar los papeles.

Nada más abrirse la puerta, traté de correr pero algo me oprimía el cuello, impidiéndome avanzar. Yo estaba lleno de ira, un poco falto de aire, y acalorado por la marcha de Benny, pero por otro lado, ésta era la oportunidad de mi vida y no podía desaprovecharla. Se mezclaban las sensaciones en mi mente, pero debía seguir las indicaciones que había aprendido, durante todo éste tiempo.

Creo, que he pasado la prueba, y estoy muy nervioso, aunque todavía no estoy seguro de ello. Yo muevo la cola, ando con paso firme y trato de hacer las cosas que me dicen, aunque no los entienda mucho.

Tiene mucha fuerza, pero es muy bueno y dócil, comenta la veterinaria. Antes de que os lo llevéis, tenéis que rellenar este formulario y tener un par de conceptos claros. Se trata de un animal, que necesita una serie de atenciones, como sacarlo todos los días un par de veces, darle de comer, cuidarlo, bañarlo. Al principio, todo es muy bonito, pero luego crece, vienen los problemas con los vecinos, hay que educarles, y perder mucho tiempo con ellos. Llegan las vacaciones, y se convierten en un problema…

– Parece que no quieres que nos lo llevemos, comenta Ángel.
– No, no es eso, pero prefiero ser clara contigo ahora, antes de que te lo lleves, y a la vuelta de una semana lo traigas de vuelta o a que aparezca muerto en algún descampado ahorcado
– Yo no haría nunca una cosa así.
– Pues mira esas fotos que hay en la pared, y verás como no serías el primero.
– Vaya una pasada, como pude existir gente tan desalmada, comenta Norberto.
– Bueno chicos, si lo tenéis todo claro, elegir un collar de los de allí, y darme 35 Euros.
– Dales más Ángel, solo el collar y las vacunas que le van a poner ya valen más.
– Te voy 50 y así, lo que sobra lo dejas como una pequeña donación a la causa.
– Muchas gracias, aquí todo dinero es bien recibido, siempre andamos bajo mínimos. Toma el libro de vacunación y si algún día quieres castrarlo, aquí te lo haremos gratis.
– ¡Ah!, otra cosa, puedo cambiarle el nombre.
– Por supuesto, ahora es tuyo. ¿No te gusta Tequila?
– La verdad es que me trae malos recuerdos. Prefiero algo que me traiga buenos. Ti, te, ta, tu… Tiwanacu, eso es. Muchas gracias por todo y hasta la vista.
– Hasta la vista, y mucha suerte.

Después monté en otro coche, pero ésta vez no me mareé, ni tuve miedo de lo que pudiera pasarme. Al bajarme del coche, me envolvieron con un gran lazo rojo y una chica, al verme comenzó a llorar y a darme besos sin parar. Me sentí alagado y feliz.

Mi nuevo hogar era un pequeño estudio, y sus inquilinos dos chavales jóvenes, que hablaban en una lengua completamente nueva, para mí. Comencé durmiendo en el salón pero a los pocos días, me ataron en la terraza, desde donde podía ver un hermoso jardín, pero nunca visitarlo. Los principios fueron difíciles y tensos. Yo, mordisqueaba y jugaba con todo, zapatillas, libros, periódicos, calcetines, rascaba en las paredes para arreglarme las uñas, y cosas así; pero ellos no entendían mis juegos y casi todos los días me gritaban y me daban algún que otro azote, con el periódico en el culo. Tema aparte, eran los problemas con mis necesidades. Yo me comportaba, igual que en la perrera y cuando tenía una urgencia, evacuaba donde fuese, pero ellos se enfadaban muchísimo, especialmente Ángel, me chillaba, me pegaba y lo peor, me frotaba mis heces por la cara, eso me enfurecía y enrabietaba mucho.

A veces discutían por mi culpa, y él, gritaba sin parar, como un poseso, como si hubiese visto pasar un gato y me llamaba “puto perro”; ella se salía para la terraza y lloraba en silencio. Yo no me movía del rincón, agachaba las orejas, escondía el rabo, tratando de entender lo que estaba sucediendo. Había un problema y ese problema, era yo. Decidí, preparar mi huida y un día, cuando él estaba fregando la terraza, se descuidó al dejarse la verja abierta y yo salí corriendo. No tarde mucho en darme cuenta de mi error, se trataba de un espacio cerrado y tras un par de vueltas por el complejo, cansado y derrotado decidí volver a la casa. Aquel día todo cambió, recibí un serio correctivo, que me hizo entender que aquello había sido una equivocación y que no debía volver a repetirlo. Después, la aparición de una pareja uniformada y la expresión de tristeza de Ángel, me dio que pensar, y por primera vez, pensé en la posibilidad de volver a la perrera. Sentí frío, sudores y miedo, mucho miedo. Esa misma tarde Sole y Ángel, se sentaron en el suelo junto a mí, con lágrimas en los ojos charlaron conmigo, me acariciaron, y yo los miraba movía el rabo sin cesar, pero a la vez, ponía los cinco sentidos en sus palabras, gestos y movimientos. Me estaban dando un ultimátum, o cambiaba, o me mandaban de vuelta a la perrera. A partir de aquel día todo cambió a mejor. Yo decidí seguir sus normas, y en pocos días, comencé a notar, los resultados. Empecé a dormir en el salón, me dejaron de gritar, y hasta me llevaban a la playa al anochecer, alguna que otra vez. Me adapté a sus costumbres y horarios, a la hora de sacarme. Por las mañanas rapidito, porque tenían que ir a trabajar, por las tardes, larga caminata, carreras y juegos, y por la noche una pequeña vuelta y para casa. Yo era feliz, y ellos estaban muy contentos conmigo. Éramos una familia.

A partir de aquel día, solamente una vez, dudé de ellos y fue, cuando me llevaron a otra perrera diferente, aunque ellos la llamaban residencia. Traté de resistirme, lloré y me desgarré la voz, aullido tras aullido, pero de nada sirvieron mis ruegos.

No tardaron en informarme los más veteranos de la nueva situación, y aunque, me tranquilizaba el hecho de saber que no me habían abandonado y que en un par de semanas volverían a por mí; yo, me encontraba triste, añoraba mis paseos, mi territorio, la comida, tan escasa aquí, y a ellos

El día que vinieron a recogerme, salté con tal ímpetu sobre Sole, que apunto estuve de tirarla al suelo.

Algo extraño sucedió, y Ángel, que siempre me despertaba por las noches al encender la luz cuando entraba en casa, dejó de llegar tarde y apenas salía de casa. Yo lo notaba un poco deprimido y todas las mañanas cuando se levantaba, lo animaba dándole los buenos días a mi manera, con mi pata, nada más verlo aparecer. A veces cuando lo veía sentado en el sofá, y medio ausente, me dejaba caer a su lado y apoyaba mi cabeza en sus pies. Pasamos muchos meses así y comenzamos a intimar más cada día, él me enseñaba nuevas cosas y yo cada vez las aprendía más rápido.

Me dio un poco de pena cuando volvió a trabajar, aunque yo supiese que era lo mejor, me había acostumbrado a su compañía y ahora con toda la casa para mí, me siento un poco extraño y lo único que deseo es ver a uno de los dos aparecer.

Con el paso del tiempo, una sola cosa echaba de menos, una compañera. Me consolaban sus promesas de que, cuando consiguiésemos una casa más grande, con jardín propio, entonces, me traerían una compañera. Yo seguía soñando con aquel día, pero sin desperdiciar, las pocas oportunidades que se me presentaban cuando salíamos a pasear.

Pasaron los años, y nos mudamos a la soñada casa con jardín. Yo, esperaba que se acordasen de sus promesas y un 4 de Mayo, me cantaron cumpleaños feliz, y mientras Ángel me tapaba los ojos, Sole, se iba para el coche. Yo labraba, una y otra vez, sabía lo que me esperaba, lo olía. Se llamaba Sheila, y era la hembra más hermosa que jamás haya soñado. No tardamos en ser una familia numerosa, aunque la mayoría de nuestros hijos desaparecieron. Alguna vez, les he escuchado decir que los regalaron entre los amigos, y solamente nos dejaron a Yaiza y a Viracocha. Ellos también, aumentaron en número, con la aparición de la preciosa Ica.

He visto a mis hijos crecer, rodeados de amor y felicidad, he sufrido las travesuras de la pequeña Ica. Sole y Ángel, me han demostrado su amor, y sé que cuidarán de los peques, y he compartido momentos inolvidables con Sheila, esposa, madre y compañera durante años, pero hoy, es un día triste. Hoy se han confirmado mis sospechas, la causa de mis tremendos dolores, del cansancio que me acompaña durante estos largos meses, y les he escuchado decir que tengo cáncer, y que es irreversible. Todos lloran, y nadie se atreve a hacerlo. Yo no quiero verles sufrir, me han dado todo lo que he necesitado y he gastado mis últimas energías en cavar, un pequeño hoyo, en el lugar, donde años atrás conocí a Sheila. Ellos han parecido entender mi mensaje y han cavado una fosa, en mi hueco. Uno por uno todos se han despedido de mí, con lágrimas en los ojos, y yo tras despedirme de Yaiza, Viracocha, y Sheila, me introduzco en la fosa lentamente, cierro los ojos y emprendo mi viaje, rumbo a mi nuevo hogar.

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