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Historias y Opiniones: TEO Y BLACKY, SALVADOS DE LA PERRERA

TEO Y BLACKY, SALVADOS DE LA PERRERAhistoriasyopiniones

Teo llegó al albergue de la SPAP de Madrid el 19 de enero de este año. Lo encontraron unos voluntarios vagando por una carretera, muy desorientado, y menos mal que lo pudieron coger porque en más de una ocasión casi lo atropella un coche. Estuvo en ese refugio hasta el 17 de marzo, día en que me acerqué hasta allí buscando un perro para adoptarlo. Recuerdo que me agobié mucho porque había tantos perros y todos tan buenos que la decisión de llevarme sólo a uno se me estaba haciendo muy difícil.

Ya casi había tomado la decisión de llevarme a un perro pequeño mestizo cuando la peluquera canina me llama, me doy la vuelta y la veo con Teo en sus brazos, mirandome con unos ojos de pena que me desarmaron por completo. Me dice que adopte a este perrito, que está muy triste, de hecho todos se referían a él por ese nombre en el albergue, que no se relaciona mucho con los otros perros y que es muy muy bueno. No tardé mucho en decirle que sí, que me lo llevaba a casa y después de firmar los papeles de adopción nos fuimos de alli. Las siguientes dos semanas fueron difíciles porque Teo me tenía mucho miedo, cuando me acercaba agachaba la cabeza, se escapaba, tenía tales pesadillas por las noches que lo tenía que despertar, no se dejaba pasear bien porque no quería salir a la calle y de la correa ni hablar!. El día más feliz fue cuando lo ví por primera vez mover el rabo y seguirme por la casa. Ahora es un perro de lo más normal, se ha acostumbrado perfectamente a vivir conmigo en casa, disfruta de los paseos, de las comidas, de las caricias y hasta saca la lengua y mueve el rabo cuando le cuento mis cosas.

La historia de Blacky es muy parecida. El día que fui a la SPAP pasé antes por la perrera municipal para ver si estaba abierta pero como era domingo nada de nada. En la puerta nos encontramos con un chico que venía a buscar a un pequeño Yorkshire abandonado al que iban a sacrificar al día siguiente. Nos comentó que no podía ir a por él así que decidí ir yo y luego buscarle un buen hogar. Ese lunes por la mañana llegué a la perrera a las 9 de la mañana, esperé a que abriesen y me puse a buscar al pequeño Yorkshire entre las jaulas. No paré de llorar mientras hice el recorrido, había tantos perros que intentaban llamar mi atención que no sabía a dónde mirar. Al final de uno de los pasillos, en la última jaula estaba Blacky, mojada, temblando y muerta de miedo. Cuando la ví, así de sola y en ese estado sin pensarlo más me volví a la oficina y le dí el número de la jaula a la funcionaria que me comentó que no podía llevarmela hasta el miércoles porque no habían finalizado los 10 días que tenía que pasar en la perrera por ser un perro abandonado. Digo perro porque la tenían apuntada como perro cuando en realidad es perra. Volví el miércoles por la mañana, más temprano todavía porque me avisaron que por esa perra ya se habían interesado personas que no la querían para buenos fines, fui la primera en llegar y me la llevé a casa. Su adaptación fue mucho más rápida que la de Teo, es una perra cariñosa en extremo, juguetona, es la pequeña de la casa.

Fuente: AMAI amigos de los animales

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